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| Artículos de opinión

"Con la política energética del neoliberalismo somos cada vez más pobres, desiguales y vulnerables"

Autor | Belen Ennis


Conflictos de Interes
La autora no manifiesta conflictos de interés


Palabras Claves
calidad de vida, ciencias ambientales, consumo energético, desigualdad, España, Greenpeace, medioambientalismo, pobreza, pobreza energética, tarifazo, vulnerabilidad energética



17-07-2016 | Según el último documento de la Asociación de Ciencias Ambientales (ACA) de España, "Pobreza, vulnerabilidad y desigualdad energética" (2016), a la fecha existe "un amplio reconocimiento social e institucional de la pobreza energética como problemática de entidad propia, que se sigue vinculando directamente con los efectos de la crisis en la sociedad española". En este sentido, la compañía eléctrica Endesa afirma en su último informe de sostenibilidad ser "consciente del grave problema que supone la pobreza energética en muchos hogares españoles, que se ha visto especialmente agravado con la reciente crisis económica, y precisamente por su compromiso con la sociedad entiende que debe responder a esta problemática social enmarcada en el ámbito de la energía". Se trata de la primera vez que una de las distribuidoras reconoce abiertamente el concepto de "pobreza energética" como un fenómeno en sí mismo y deja de vincularlo a un problema de pobreza general.


Claramente, y como hemos señalado en artículos anteriores, el trípode compuesto por tarifazos, ajustes y medidas de austeridad han profundizado la crisis económica en España e incrementado la cantidad de "pobres energéticos" año tras año. En efecto, cada vez más hogares son incapaces de pagar la cantidad de energía suficiente para la satisfacción de sus necesidades domésticas y/o se ven obligados a destinar una parte excesiva de sus ingresos a pagar las facturas de luz y gas. Sin embargo, la aparición de nuevos enfoques sobre el asunto ha demostrado que ya no puede vinculárselo sólo a la variable de los ingresos monetarios. En la actualidad, la "pobreza energética" comienza a ser desplazada por los conceptos, mucho más profundos, de "vulnerabilidad" y "desigualdad" energéticas. Veamos de qué se trata.

¿Qué es la "vulnerabilidad energética"?
Antes de conocerse el último informe de la Asociación de Ciencias Ambientales de España, para medir el grado de "pobreza energética", eran consideradas las siguientes variables: ingresos del hogar, precios de la energía y eficiencia energética de la vivienda. Pero un nuevo enfoque de estudio asegura que la "pobreza energética" hace referencia a "una condición temporal causada por condiciones estructurales y coyunturales que van más allá de la triada de factores tradicionalmente considerados". Conforme al citado análisis, el fenómeno se relaciona actualmente a una condición más extensa y difusa denominada "vulnerabilidad energética", que se define como "la probabilidad de un hogar a experimentar una situación en la que dicho hogar no recibe una cantidad adecuada de servicios de la energía (Bouzarovski and Petrova, 2015)".

Si el concepto de "pobreza energética" ponía el énfasis en la capacidad de pago de los hogares, la idea de "vulnerabilidad energética" cuestiona la dicotomía acceso-capacidad y amplía la definición otorgada hasta el momento. En consecuencia, la probabilidad de que un hogar sufra de pobreza energética puede darse cuando "se produce un cambio en las condiciones internas de la unidad familiar (pérdida de empleo, nacimiento o fallecimiento de uno de sus miembros, presencia de un enfermo crónico, etc.) o externas a esta (crisis económica, cambio en los criterios de asignación del bono social, aumento de los precios de la energía a escala nacional o global, etc.)".

Así, el concepto de "vulnerabilidad energética" permite una conceptualización más dinámica del fenómeno de la "pobreza energética".

Para comprender la importancia de dichas modificaciones vayamos a un ejemplo local. Las mediciones de la pobreza general en la Argentina -impulsadas por Juan José Llach, incorporadas por el INDEC en los 90 y posterior y oportunamente cuestionadas por Norberto Itzcovich, titular del organismo en tiempos de kirchnerismo- enfocaban el análisis del fenómeno en la capacidad de ingresos de un hogar, dejando por fuera los condicionantes internos y externos que podían determinar el avance o la retracción de la pobreza. Es decir, bajo el viejo método estadístico, la aplicación de políticas económicas y sociales tendientes a disminuir el problema resultaba totalmente irrelevante a la hora de las mediciones. En este sentido, la creación de una escuela o de un hospital público por parte del Estado Nacional carecía de real importancia en la ponderación ya que no se relacionaban directamente con la capacidad de compra de una familia. No obstante, las modificaciones que intentaron realizarse en el INDEC, a partir de 2013, fueron catalogadas por el terrorismo mediático como "manipulaciones de los datos oficiales", lo cual ofició como un elemento corrosivo de la fiabilidad de uno de los organismos estadísticos más importantes de América Latina.

Algo similar ocurría en España con el concepto de pobreza energética. Al recluir el enfoque a los ingresos del hogar, se dejaban de lado cuestiones estructurales y coyunturales de fondo como los cambios en las políticas de bienestar social, de fijación de precios de la energía o de promoción de la eficiencia energética en el sector residencial o, incluso, los efectos que puede acarrear para una familia el desencadenamiento de una crisis social y económica como la que, desde 2008, vive España.

¿Y la "desigualdad energética"?
Por su parte, el concepto de "desigualdad energética" se relaciona con los distintos niveles de acceso a la energía y a las diferencias sustanciales en el consumo de energía por persona a escala global.

En efecto, según estimaciones del International Institute for Applied System Analysis (IIASA), los habitantes de países pertenecientes a la OCDE como Estados Unidos, Canadá, Australia y muchos Estados Miembros de la Unión Europea consumen decenas de veces más energía al año que personas que viven en países del hemisferio sur. Estas profundas disparidades se explican "por diferencias en niveles de ingresos, producción y consumo, así como en estilos de vida", argumenta el mencionado Instituto. Y agrega que el tercio de la población más rica del mundo "aun consume dos tercios de toda la energía producida". Estas diferencias en el acceso y los niveles de consumo se vinculan necesariamente con las cifras de emisiones de gases de efecto invernadero por persona. Al respecto, la Asociación de Ciencias Ambientales considera que, según cálculos recientes de Oxfam (2015), "el 10% de mayor renta per cápita es responsable de casi la mitad de las emisiones del mundo derivadas del consumo individual de energía (es decir, sin considerar el gasto de energía llevado a cabo por el gobierno o para inversiones), mientras que el 50% más pobre solo alcanza a emitir el 10% de ese total".

Si el Presidente Macri tuviera en cuenta lo anterior dormiría más tranquilo al saber que la Argentina no influye sobremanera sobre el Cambio Climático como sus amigos de Greenpeace le quieren hacer creer. Estaría al tanto, además, que las naciones más desarrolladas del mundo son, al mismo tiempo, las que más energía per cápita consumen. Quizás se ahorraría también las desafortunadas declaraciones que hizo respecto al supuesto derroche energético de los argentinos, tan bárbaros e incivilizados que hasta somos capaces de andar en "remera y patas" adentro de nuestras casas en pleno invierno. ¿Será, entonces, que tenemos "costumbres de un país rico" como dijo Marcos Peña? ¿Cómo puede ser que osemos acercarnos aunque sea un ápice a los niveles de consumo de los países más importantes del globo? ¡Somos un país pobre y debemos vivir pobremente!

Heridos y asesinados por el neoliberalismo
Con todo, pasar de la "pobreza" a la "vulnerabilidad" energética resulta significativo hasta en términos etimológicos. En efecto, la palabra "vulnerabilidad" emana de la relación entre tres conceptos del latín: el sustantivo vulnus, que puede traducirse como "herida"; la partícula -abilis, que es equivalente a "que puede"; y finalmente el sufijo -dad, que es indicativo de "cualidad". De ahí que la vulnerabilidad pueda determinarse como "la cualidad que tiene alguien para poder ser herido".

Efectivamente, heridos y asesinados por la política energética neoliberal que, aquí y en cualquier parte del mundo, no sabe más que excluir, atrasar, empobrecer y asesinar a las poblaciones. El frío mata, el neoliberalismo también.



Bibliografia
Asociación de Ciencias Ambientales. "Pobreza, vulnerabilidad y desigualdad energética" (2016): https://drive.google.com/file/d/0B_bBMuCR03LPeVRpb1JjeW1KX1U/view?pref=2&pli=1