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INVESTIGACIÓN

Desarrollo socioeconomico y Geopolitica del Desarrollo

| Artículos de opinión

Neoliberalismo periférico y "sociedad del des-conocimiento"

Autor | Diego Hurtado


Conflictos de Interes
El autor no manifiesta conflictos de interés


Palabras Claves
ciencia y tecnología, emprendedorismo, emprendedurismo, innovación, sociedad del conocimiento, Ministerio de Ciencia y Tecnología, CONICET, ARSAT, kirchnerismo, Mauricio Macri, Lino Barañao, Mariana Mazzucato, des-conocimiento, becarios, ajuste, desinversión, CyT



16-02-2017 | Del falso programa político presentado por el macrismo en la campaña electoral para encubrir las intenciones predatorias de las corporaciones que lo controlan, queremos enfocarnos en dos puntos interconectados: (i) un núcleo de incoherencias discursivas: el uso que hacen Macri y sus CEOs de las nociones de "competitividad", "emprendedorismo" y "sociedad del conocimiento"; y (ii) una mentira: la promesa de dar continuidad a las políticas de CyT del segundo ciclo peronista (2003-2015). Abstrayéndonos del alto nivel de corrupción sistémica, nos interesa analizar de qué manera el fracaso de los "equipos técnicos" y los "planes de gestión" del macrismo y, como contrapunto, la baja calidad institucional y la evidente improvisación que suplanta la ausencia de políticas públicas impactan sobre una concepción anacrónica de la relación entre los mundos del trabajo y del conocimiento. El macrismo está construyendo un colosal Frankenstein socioeconómico que no necesita conocimiento de ningún tipo, ni en las empresas ni en el sector público. Mientras avanza sobre la "flexibilización laboral", la Argentina de Macri y Barañao está desaprendiendo a hacer satélites, aviones, vacunas, radares, principios activos para medicamentos, etc. El desincentivo y el desaprendizaje en los mundos del trabajo y del conocimiento son síntomas inequívocos de subdesarrollo.



Invitada a la Argentina por el gobierno de Macri en abril de 2016, Mariana Mazzucato, la economista del SPRU de Sussex, unidad académica emblemática de los estudios sobre innovación, desarma la falacia de Barañao y Cabrera mostrando que si no hay "Estado emprendedor" no puede haber emprendedorismo. Al otro día del evento que compartió con Barañao y Cabrera, Mazzucato se reunió con Macri. Luego de la reunión tweeteó: "Ayer hablé con el presidente de la Argentina, Mauricio Macri. Hablamos sobre el rol del Estado en la innovación y por qué las políticas neoliberales fallan. No estoy segura de que lo haya entendido".

El problema son los empresarios, no los trabajadores
A diferencia del neoliberalismo de países desarrollados como EE.UU., Gran Bretaña o Alemania -los "países normales" en el ideal ahistórico macrista-, que sostienen con inversión pública masiva una intensa actividad científico-tecnológica como motor de la competitividad de sus economías, el neoliberalismo periférico de la alianza Cambiemos, en asociación con los grupos económicos empresarios de naturaleza financiera y oligopólica en sectores de procesamiento de materias primas, necesita elevar la desocupación a un 15% y bajar los "costos laborales" a través de una ley de "flexibilización laboral". Es decir, la caída del salario real, el deterioro de las condiciones laborales y una menor cobertura de seguridad social, indemnizaciones, vacaciones, etc., paradójicamente aumentarían la competitividad de las empresas.

Una autora de referencia en el tema de políticas de desarrollo en países de industrialización tardía, Alice Amsden, señala que durante los 90 el problema de la competitividad de las empresas en la Argentina no eran los trabajadores, sino los empresarios y sus firmas, que "no tenían profesionalizadas sus capacidades de gerenciamiento y pocas contaban con planificaciones o cadenas de mando bien definidas". Y agrega:

"Las inversiones en I+D fueron insignificantes, por lo que los trabajadores calificados no eran empleados en emprendimientos de alta tecnología. Incluso las plantas con una escala mínima eficiente eran pocas y desconectadas entre sí. […] el centro de gravedad de la economía argentina volvió a ser el campo, que se caracterizó por una de las distribuciones de ingresos más desiguales del mundo" (Amsden, 2001: 63).

En términos sintéticos, desde el punto de vista de la relación trabajo-conocimiento, en un escenario de desfinanciamiento de los sectores de educación, ciencia y tecnología y desmantelamiento de los programas de desarrollo de tecnologías estratégicas ocurrido en los 90, los mismos grupos de políticos y empresarios que protagonizaron un proceso inédito de endeudamiento, extranjerización de la economía argentina y destrucción de capacidades públicas, simultáneamente reclamaban y lograban imponer un régimen de flexibilización laboral para, supuestamente, mejorar la competitividad de sus empresas.

Hoy sabemos que las enormes ganancias que consolidaron estos grupos oligopólicos no fueron invertidas en competitividad empresarial sino que terminaron yéndose por la ancha canaleta de la especulación financiera y la fuga de capitales.(1) Sin embargo, estas mismas empresas reaparecen en el gobierno de Macri colocando a sus altos ejecutivos en puestos claves en el Estado con idénticos objetivos de devastación del sector público, endeudamiento y fuga, a los desplegados dos décadas atrás.

Un corolario de este programa es la orientación de la economía argentina hacia sectores primarios extractivos -soja, agro y minería- y financieros especulativos. Es decir, hacia un proyecto de país que no necesita pymes -que hasta 2015 representaban la principal fuente de trabajo formal-, ni ciencia ni tecnología.

El mundo del trabajo como eje estructurador
En noviembre de 2015, durante el balotaje, Macri dijo en el programa informativo de televisión "Telenoche": "Vamos a continuar con los avances en el Conicet. Los necesitamos para ser parte de la sociedad del conocimiento".(2) Pero no solo su propuesta, aprobada en el Congreso, fue recortar el presupuesto de CONICET -dejando fuera a 500 becarios sobre 900 que debían ingresar a la Carrera del Investigador Científico en 2016-, sino que el presupuesto de CyT para 2017 quedó 13% por debajo de la inflación con respecto al presupuesto asignado en 2016, clausurando la tendencia expansiva del sector de CyT heredada del kirchnerismo e iniciando un proceso de reducción y desmantelamiento de sectores de tecnologías estratégicas.

La noción de "sociedad del conocimiento" a la que apela Macri supone: 1) la inversión empresarial para incorporar conocimiento -organizacional y tecnológico- a las actividades productivas; 2) mejora de las condiciones laborales como incentivo para incrementar la productividad; y 3) la inversión complementaria del Estado en desarrollo social -salud, vivienda, educación, alimentos, etc.-, infraestructura y CyT. Por lo menos, esto es lo que entienden los países "normales" de Macri cuando hablan de "sociedad del conocimiento", y fueron los principios que el kirchnerismo aplicó al pie de la letra dentro de los límites estructurales de un país en desarrollo.

Es decir, para que los trabajadores de una empresa, un taller o una fábrica se transformen en sujetos de competitividad, deben ser capaces de colaborar en la introducción de mejoras tecnológicas y formas de organización del trabajo. Para este fin, las "instituciones extractivas" del macrismo que promueven "flexibilización" desincentivan. Y lo que se necesitan son "instituciones inclusivas" -según un texto de enorme vigencia de los economistas Acemoglu y Robinson (2012)- que sean capaces de generar equidad e "incentivos". En el mundo del trabajo, esto se traduce en: buenos salarios, permanencia y estabilidad en los puestos de trabajo, sistemas de rotación concebidos para ayudar a los trabajadores a comprender los procesos de producción, capacitación, etc. Entiéndase que no estamos hablando de altruismo o derechos laborales, sino de competitividad.

Un punto central de este análisis -que estuvo presente en el núcleo de las políticas kirchneristas- fue la aplicación de un postulado básico que enseña la historia del capitalismo desde la revolución industrial: la rueda del conocimiento comienza a girar en el mundo del trabajo. Esta guía ideológica del kirchnerismo fue la responsable de los mejores resultados -inéditos desde 1810- que fue capaz de producir en CyT y que no vienen al caso ahora enumerar. Es decir, la educación, la ciencia y la tecnología para los peronismos de 1946-1955 y 2003-2015 cobran sentido a partir del mundo del trabajo como eje estructurador: es un proyecto de desarrollo el que determina qué tipo de ciudadanas y ciudadanos necesita formar un país, qué perfil de trabajadoras, científicos, ingenieras, empresarios, etc.


Fuente: Elaboración OETEC en base a datos del Banco Mundial (EE.UU. y Brasil, datos hasta 2013). Pesada herencia: Inversiones en CyT de la Argentina entre 2008 y 2014. Superior a "tasas chinas".

Por el contrario, desde diciembre de 2015, la ausencia de Estado y de políticas públicas -especialmente de desarrollo social, industrial y de ciencia y tecnología- dejan a la democracia argentina en manos de los intereses predatorios de los poderes fácticos -Raúl Zaffaroni habla de "colonialismo corporativo"- y transforman a la sociedad en espacio de extracción de riqueza sin reglas ni orientación. En este escenario se encuadran el reclamo de "flexibilización laboral" y los argumentos cambiantes y falaces del ministro de ciencia para encubrir la demolición de su sector.

Barañao y la máquina de hacer humo
A partir de 2016, el ministro de ciencia, Lino Barañao, y el presidente del CONICET, Alejandro Cecatto, hicieron como si todo siguiera igual. Como si no estuviera ocurriendo el desfinanciamiento del sector, o el desmantelamiento de la empresa ARSAT o del programa de producción pública de medicamentos, o no se estuvieran incluso incumpliendo leyes, o como si el descontrol del déficit fiscal sin obra pública, los despidos, la inflación, la caída de la actividad industrial, los "Panamá Papers" o la condonación de deuda de Macri a Macri ocurrieran en Marte: Barañao, incluso, llegó a afirmar en varias ocasiones que se sentía más cómodo con el modo de gestión del macrismo.

Hablando del CONICET, decía Barañao a fines de mayo de 2016: "Vamos a seguir financiando el mismo número de becas, pero vamos a tratar de que esos becarios puedan tener la posibilidad de crear una propia empresa tecnológica, un servicio médico, lo que sea" (Cavanna, 2016). La primera parte de la afirmación demostró ser falsa -las becas se redujeron a más de la mitad- y la segunda parte es sencillamente un sinsentido. ¿Crear empresas mientras la política de apertura de las importaciones las destruye?; ¿cuántas empresas por año?, ¿en qué sectores?, ¿en base a qué diagnósticos o proyecciones? Mientras Barañao dice que los investigadores de CONICET deben crear empresas tecnológicas, en Puerto Madryn -para tomar un ejemplo como muestra- se acaba de cerrar la planta de Cerámica San Lorenzo y deja a 140 trabajadores en la calle. Dos institutos del CONICET -el CENPAT de Puerto Madryn y el CETMIC de La Plata- habían asesorado en el diseño de un laboratorio de cerámicas inaugurado hace poco tiempo, que se orientaba a que la planta diversifique la producción. Pero la empresa cerró y todo el esfuerzo y los fondos públicos se disiparon como humo.

Cuando el macrismo impulsó el recorte al sector CyT en el presupuesto 2017, el mismo ministro que había sostenido que "el conocimiento es un factor generador de riqueza", a comienzos de diciembre de 2016 volvió a producir humo: "[…] no hay ningún país que con un 30 por ciento de pobreza esté aumentando el número de investigadores, como lo está haciendo la Argentina" (Ámbito, 2016). Frase paradójica que no se aplica ni siquiera en el siglo XIX, cuando la industrialización de Alemania y EE.UU. mostraba exactamente lo contrario.


Fuente: Elaboración OETEC en base a datos del Banco Mundial (EE.UU. y Brasil, datos hasta 2013). Pesada herencia: A excepción de Egipto, la República Argentina es la nación del planeta Tierra cuya ciencia y tecnología recibió el mayor incremento (impulso) en inversiones derivadas de la riqueza generada localmente.

Finalmente, para cubrir la falta de políticas de CyT y de política industrial, desde el MINCyT y el Ministerio de la Producción se insiste en hablar de "emprendedorismo". ¿Qué es esto? Es un término que en los años noventa se utilizó para promover el éxito individual en un escenario de disgregación social y económica. Hoy se intenta resucitar el emprendedorismo para promover una actitud voluntarista y una concepción del mundo de los "negocios" desconectada del sector productivo.

Invitada a la Argentina por el gobierno de Macri en abril de 2016, Mariana Mazzucato, la economista del SPRU de Sussex, unidad académica emblemática de los estudios sobre innovación, desarma la falacia de Barañao y Cabrera mostrando que si no hay "Estado emprendedor" no puede haber emprendedorismo. Para Mazzucato la noción de "ecosistema" de organizaciones públicas y firmas privadas es clave: "Yo creo que lo que debería enfatizarse no son los startups o los emprendendores en sí mismos, sino los ecosistemas de innovación en el cual ellos operan" (Mazzucato, 2014). Y los ecosistemas son el producto de la inversión pública lenta, paciente, riesgosa y de largo plazo -20 a 25 años- que sea capaz de promover y allanar el camino hacia la creación de nuevos mercados. Y son los gobiernos quienes deben asumir esta responsabilidad, dado que el sector privado no está dispuesto a correr este tipo de riesgos. La empresa "Apple fue capaz de subirse a la ola de la inversión masiva del Estado en tecnologías revolucionarias", explica Mazzucato, como Internet, GPS, las pantallas táctiles y otras tecnologías de la comunicación. Sin "la mano bien visible del Estado", los atributos individuales de Steve Jobs "podrían haber conducido solamente a la invención de un nuevo juguete" (Mazzucato, 2013).

Al otro día del evento que compartió con Barañao y Cabrera, Mazzucato se reunió con Macri. Luego de la reunión tweeteó: "Ayer hablé con el presidente de la Argentina, Mauricio Macri. Hablamos sobre el rol del Estado en la innovación y por qué las políticas neoliberales fallan. No estoy segura de que lo haya entendido".

El macrismo está construyendo un colosal Frankenstein socioeconómico que no necesita conocimiento de ningún tipo, ni en las empresas ni en el sector público.

Mientras avanza sobre la "flexibilización laboral", la Argentina de Macri y Barañao está desaprendiendo a hacer satélites, aviones, vacunas, radares, principios activos para medicamentos, etc. El desincentivo y el desaprendizaje en los mundos del trabajo y del conocimiento son síntomas inequívocos de subdesarrollo.

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(1) La lista de grupos económicos nacionales "ganadores" en los 90 puede verse en: Azpiazu y Schorr (2010: 70). Un informe realizado por investigadores del Observatorio de las Elites Argentinas perteneciente al Instituto de Altos Estudios Sociales de la Universidad Nacional de San Martín revela que a fines de 2016 había 114 ejecutivos de las principales compañías y estudios jurídicos del país que desembarcaron en alguno de los 367 cargos de ministro, secretario y subsecretario de la estructura del Estado nacional. Ver, por ejemplo, Lukin (2016).

(2) Esta frase fue reproducida en la cuenta oficial de Twitter del Presidente: "mauriciomacri", el 17 de noviembre de 2015 a las 20:52:14.



Bibliografia
OETEC (27/12/2016). La Argentina, el segundo país con la mayor expansión en CyT del mundo (y primero del G20) entre 2008 y 2014
http://www.oetec.org/nota.php?id=2257&area=14

OETEC (21/12/2016). Achicar la Ciencia y la Tecnología (y la edad de los investigadores) es agrandar la Nación http://www.oetec.org/nota.php?id=2252&area=14

Ámbito. 2016. "Barañao justificó la reducción de las incorporaciones en el CONICET", 6 de diciembre. En: http://www.ambito.com/864999-baranao-justifico-la-reduccion-de-las-incorporaciones-en-el-conicetConsultado el 10/02/2017.

Acemoglu, Daron y Robinson, James. 2012. Why Nations Fail. The Origins of Power, Prosperity, and Poverty. Nueva York: Crown Business.

Amsden, Alice. 2001. The Rise of "The Rest": Challenges to the West from Late Industrializing Economies. Oxford: Oxford University Press.

Azpiazu, Daniel y Schorr, Martín. 2010. Hecho en Argentina. Industria y economía, 1976-2007. Buenos Aires: Siglo XXI.

Cavanna, Joaquín. 2016. "Lino Barañao: Hay que cambiar el hecho en Argentina por pensado en Argentina", Infobae, 8 de abril. En: http://www.infobae.com/2016/04/08/1802881-lino-baranao-hay-que-cambiar-el-hecho-argentina-el-pensado-argentina/. Consultado el 11/02/2017.

Lukin, Tomás. 2016. "Nada queda al margen del poder de los CEO", Página/12, 11 de octubre. En: https://www.pagina12.com.ar/diario/economia/2-311453-2016-10-11.html. Consultado el 15/02/2017.

Mazzucato, Mariana. 2013. The Entrepreneurial State. Debunking Public vs. Private Sector Myths. Londres: Anthem Press.

Mazzucato, Mariana. 2014. "Startup myths and obsessions", The Economist, 3 de febrero. En: http://www.economist.com/blogs/schumpeter/2014/02/invitation-mariana-mazzucato. Consultado el 13/02/2017.