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| Artículos Periodísticos

Encuentros y desencuentros nucleares argentinos

Autor | Ricardo Bernal Castro


Palabras Claves
CNEA, NA-SA, Plan Nuclear, nucleoelectricidad, General Perón, Cristina Kirchner, Mauricio Macri, FMI, paralización, reactivación, historia nuclear, desarrollo nacional, tecnología, industrial, componentes, metalurgia, CAREM, CANDU, PWR, China, cambio climático, energía limpia, oportunidades



16-06-2021 | En este artículo se recorren los grandes ciclos vividos durante los 71 años que pasaron desde la creación de la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA). Un proceso científico, tecnológico e industrial propio que nació el 31 de mayo de 1950 durante el gobierno del General Perón.



Imagen: Comisión Nacional de Energía Atómica.

Es indudable que la actividad nuclear se fortifica cuando sus segmentos de desarrollo científico-tecnológico e ingeniería, con el apoyo financiero y político del Estado, se vinculan con la Industria, privada o estatal. A su vez, expande al sector industrial especializado de alta capacidad, que enriquece y estimula a los dos primeros. Cuando alguno de estos tres factores de crecimiento se detiene o retrocede -investigación, tecnología e industria-, el proyecto productivo fracasa y en el mejor de los casos intenta "reinventarse" como sucede con Cavallo durante la gestión de Carlos Menem o con el gobierno de Macri.

Estos avances y retrocesos los vemos claramente en el sector nuclear, sin duda, el principal proyecto científico, tecnológico e industrial que la Argentina ha sostenido, oscilando entre un país gestionado como una semi-colonia o uno independiente. Desde 1950 hasta 1983, el llamado Plan Nuclear Argentino mantiene su crecimiento más allá de los gobiernos nacionales o neoliberales, democráticos o dictatoriales, y esa es su primera fortaleza.

La Argentina nuclear debe su existencia a esos primeros 33 años donde se transforma, a partir de las actividades básicas y de desarrollo, en uno de los países más significativos del sector nuclear en el mundo y el primero en la región, impulsando simultáneamente la generación nucleoeléctrica con fines pacíficos.


Imagen: Construcción de Atucha I.

Los proyectos se concretan: desarrollo y explotación minera de Uranio; reactores de investigación y producción de radioisótopos; dos centrales nucleares de potencia en funcionamiento y una en construcción con participación de la Industria local; una planta productora de combustible nuclear y una fábrica de tubos de aleaciones especiales; construcción de una planta productora de Agua Pesada; exportación de reactores de investigación a diferentes países de la región y el mundo.

Sin embargo los avatares políticos del país que significan retroceder en forma permanente a un proyecto dependiente de producción y exportación de productos primarios e importador de productos manufacturados, interrumpen el período prolongado del gran proyecto nuclear iniciado en 1950 por el General Perón con la creación de la Comisión Nacional de Energía Atómica y lo conducen a una reducción de participación tecnológica e industrial secundaria, eventualmente de carácter científico puro y aséptico, con excepción de los aportes que realiza a la investigación en salud.

Desde 1983 el programa nuclear comienza a declinar y es en 1994 cuando se paraliza, ya que se detiene la construcción de Atucha II, situación que se mantiene hasta 2006. Son más de 20 años en que el proyecto de una Argentina Nuclear se deteriora y está a punto de desaparecer.

Nestor Kirchner encuentra al sector nucleoeléctrico en fase de extinción, donde las dos centrales nucleares existentes en ese momento, Atucha I y Embalse, están en camino de cumplir su vida útil y una tercera con su construcción detenida, Atucha II, corre el riesgo de ser un espacio de investigación para los arqueólogos del tercer milenio o transformarse en el mejor de los casos, a instancias de un "exitoso" ministro de Economía y creador de la convertibilidad, en un absurdo generador de electricidad del tipo ciclo combinado mientras se manda a lavar los platos a los científicos.

Desde 2003 a 2015 se produce un giro copernicano en el sector. La gran Ley 26.566 sancionada en diciembre de 2009, que sintetiza la decisión política del gobierno nacional de recuperar e impulsar el Plan Nuclear Argentino, permite concretar las grandes obras que se cumplirán en su totalidad. Anuncia el proyecto de una nueva central de uno o dos módulos y encomienda a la "CNEA el diseño, ejecución y puesta en marcha" del Reactor CAREM.


Fuente: CFK Argentina (18 de febrero de 2015).

Las centrales Atucha I y Embalse en servicio en 2003, pasan -especialmente en el caso de Embalse con su pronóstico de futura chatarra nuclear- a una expectativa de duplicar su vida útil. En ese sentido, Embalse es sometida a un proceso de extensión de vida que implica reemplazar los principales componentes de la isla nuclear por equipos fabricados en Argentina por decisión del Estado de la mano de sus brazos científicos y tecnológicos materializados en CNEA y Nucleoeléctrica Argentina (NA-SA).

Atucha II detenida 12 años en su construcción, reinicia la misma con una fuerte inversión del Estado Nacional, se reactiva la planta de Agua Pesada de Arroyito (PIAP), comienza la construcción de la nueva planta productora de Polvo de Uranio administrada por Dioxitec-CNEA, se decide la construcción del reactor multipropósito RA-10 y se concretan otros proyectos no menores tanto en el área de investigación como en medicina nuclear.

Este es sin duda el período donde la Industria Nuclear Nacional, especialmente la Metalmecánica, alcanza un desarrollo tecnológico y productivo sin antecedentes.

A inicios de 2014 se inicia la construcción del reactor compacto CAREM, paralizado más de 20 años en los escritorios de CNEA, símbolo de la parálisis del período más extenso de la Energía Nuclear y su correspondiente deterioro. Actualmente se encuentra nuevamente en construcción a pesar de la detención de la obra en 2019. El reactor CAREM exhibe una participación de la Industria local de prácticamente el 100% de sus componentes nucleares y 70% del total.


Imagen: Reactor Nuclear CAREM.

El 4 de febrero de 2015 en Beijing la ex presidenta Cristina Kirchner y el presidente Xi Jing Ping firman el acuerdo que define la construcción de dos nuevas centrales nucleares de potencia a través de un crédito de la República Popular China. Una central de Uranio natural CANDU PHWR (Pressurized Heavy Water Reactor) refrigerada con agua pesada a ser producida por la PIAP, actualización de la central Candu de Embalse, y una de Uranio enriquecido PWR (PressurizedWater Reactor) de diseño chino con combustible de Uranio enriquecido.

NA-SA y la Industria metalmecánica confirman que el 70% de los componentes electromecánicos de una central Candú pueden ser provistos por la industria nacional. Durante esos 12 años de recuperación de energía nucleoeléctrica soberana, se inaugura en 2007 en Australia el reactor OPAL de investigaciones y producción de radioisótopos, diseñado por INVAP.

La actividad en investigación, de desarrollo industrial durante ese período es la más importante de la historia nuclear argentina. El Estado brinda todos los recursos a la industria nacional desde una visión estratégica que elude costos comparables con proveedores externos a sabiendas que el desarrollo inicial implica riesgos, asistencia y decisiones. Las empresas privadas nacionales construyen equipos y componentes que no imaginaban realizar hacía pocos años. CNEA, Nucleoeléctrica Argentina y la Industria conforman hasta 2015 una alianza técnico-productiva nunca registrada.

Durante el período de gobierno de Cambiemos, el ex Ministerio de Energía comandado por Juan José Aranguren, luego disminuido a Secretaría, anuncia a la comunidad nuclear la continuidad del plan nuclear trazado por el gobierno de Cristina Kirchner que incluye el acuerdo con China, aunque advierte que se redefiniría y estudiaría porque el monto del contrato podría ser menor al establecido, instalando nuevamente el concepto de transparencia y eventuales precios más convenientes realizados por oferentes extranjeros de los componentes que pueden fabricarse en el país, incluyendo su montaje.


Nota del OETEC: En plenas tratativas con el Fondo Monetario Internacional, el macrismo dio a conocer la definitiva cancelación de la 4ta y 5ta Central Nuclear (Atucha III y IV). El objetivo fue "ahorrar" USD 9 mil millones para responder a las obligaciones contraídas con el organismo a costa del sacrificio de miles de puestos de trabajo y un durísimo golpe para la industria metalúrgica nacional.

En mayo de 2017, Macri y Xi Jing Ping ratifican la construcción de las dos centrales. Se espera que las empresas proveedoras de la extensión de vida de Embalse, que están concluyendo sus tareas en 2016-2017, tengan la continuidad con las centrales acordadas con el gobierno chino. Nada de esto sucede. En Mayo de 2018, Macri anuncia el acuerdo de asistencia del FMI a la Argentina. Ese mismo mes las autoridades energéticas y nucleares descartan la construcción de la central de Uranio natural CANDU PHWR, o sea, hunden el desarrollo autónomo argentino de construcción de centrales nucleares de potencia. Más allá de algunos amagues de continuidad del gobierno de Macri, que incluye reuniones con Xi Jing Ping, la negociación por la provisión de la central china llave en mano se detiene de hecho.

Con nuevas autoridades desde abril de 2021 en NA-SA, de una capacidad comprobada y vocación industrialista única, y a partir de este mes en CNEA, comienza a gestarse nuevamente la unión necesaria e imprescindible de los componentes nacionales para retomar el proyecto nuclear argentino iniciado en 1950. La investigación científica, la tecnología y la industria nacional se vinculan nuevamente con un compromiso común.

La demanda mundial de Reactores Compactos como el CAREM ante la amenaza del cambio climático, la ingeniería de INVAP materializada en el mundo y la experiencia exportadora de la Industria Nacional de componentes nucleares a países de fuerte actividad nuclear nos devuelve al camino que no debimos abandonar.

No existe un país con generación nucleoeléctrica sustentable y limpia que haya trascendido sus fronteras sin desarrollo científico-tecnológico, Ingeniería e Industria propia fuertemente vinculados entre sí, condición imprescindible para establecer oportunidades y condiciones más justas con el mundo desarrollado.