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| Artículos de opinión

Señores imperialistas: ¡los argentinos no somos empanadas!

Autor | Federico Bernal


Conflictos de Interes
El autor manifiesta confllictos de interés: su nacionalidad argentina


Palabras Claves
fondos buitre, Griesa, Obama, invasión, bloqueo, Vuelta de Obligado, San Martín, Luis Alberto Romero, mitrismo, diario La Nación, Federico Bernal



13-08-2014 | Neoliberalismo doméstico y fondos buitres en clave histórica.... "La hipótesis de que la Argentina se derrumbaba por no tener acceso al mercado financiero no está sucediendo". Ésta, la frase contundente e irrefutable de Aldo Ferrer transmitida al diario Página12 en entrevista del pasado domingo. A pesar del bloqueo del terrorismo financiero y especulador occidental, a pesar del cepo de Tomás Griesa (avalado por la administración Obama), la Argentina no cede, ni se cae a pedazos, ni se aísla del mundo. Todo lo contrario. Tal y como un economista compatriota de Tomás Griesa nos señaló en entrevista publicada en este diario el pasado domingo, es EE.UU. quien puede resultar más aislado que la Argentina una vez concluido todo este embrollo. Pero Ferrer brindó además otro importantísimo concepto derivado del ataque buitrista: "En el único lugar en el mundo donde estos grupos especulativos tienen amigos es en Argentina". A propósito, y dado que el pasquín mitrista La Nación insiste en criticar al gobierno por malvinizar la situación en litigio con los buitres, o vincularla con lo sucedido en Vuelta de Obligado, como el argentinísimo escritor José Alberto Romero (ver lamentable nota "Entre Vuelta de Obligado y los buitres", del miércoles pasado, repudiada por decenas y decenas de lectores del mismísimo y aludido pasquín) nada más oportuno que recordar lo sucedido en 1845 sobre las márgenes del Paraná. Citamos a propósito de este caso, un segundo compatriota de Tomás Griesa, el historiador John F. Cady. Vaya la lección para todos aquellos y aquellas que olvidaron, se avergüenzan o reniegan del patriotismo, del coraje y la capacidad del pueblo argentino a la hora de defender sus intereses y porvenir, sin interferencias ni capitulaciones de ningún tipo. Vaya la lección para todos aquellos y aquellas que, por falta innata o adquirida de tales atributos prefieren siempre arrodillarse sin más pretensiones que la de dejarse comer como empanadas.


Vuelta de Obligado
El pretexto de la invasión anglo-francesa de 1845 esgrimido por las potencias invasoras, y replicado por sus socios locales, fue de tipo humanitario. Sabemos, no obstante, que se originaba en la política económica soberana aplicada por Rosas a partir de 1835. La Ley de Aduanas del mismo año (y modificaciones posteriores en 1837) reanimaron la industria artesanal argentina atrofiada desde la derrota del Plan de Operaciones de Moreno y Belgrano. El historiador estadounidense John F. Cady en su notable libro "Intervención extranjera en el Río de la Plata 1838-1950" exhibe impiadosamente los móviles colonialistas de las burguesías mercantilistas, banqueras y manufactureras de Francia y Gran Bretaña. El investigador enumera una a una las peticiones que las "Cámaras de Comercio de las ciudades de Havre, Marsellas, Cette, Montpellier, Bordeaux, Nantes, entre otras..." elevaban a sus respectivas autoridades promoviendo la invasión. Igual para "los intereses comerciales de los súbditos de Su Majestad [británica] en el Río de la Plata", así como para los comerciantes de las "plazas de Liverpool y Manchester", que "bombardeaban al Foreign Office con cartas, memoriales y peticiones declarando que, por el bien del comercio británico y la causa de la civilización en América del Sur, la independencia de la Banda Oriental debería mantenerse..., el control de la navegación de los ríos debería arrebatarse de las manos de Rosas y tomarse las medidas necesarias para eliminar las restricciones comerciales en el Plata. El bloqueo a Uruguay debería terminar, así como asegurarse un acceso a los mercados de Paraguay y las regiones interiores" (Cady. Págs. 100 y 123). El proteccionismo de Rosas, único y genuino resabio del proteccionismo revolucionario de Mayo resultaban ya insoportables a los talleres industriales de la época y sus intereses en el Plata.

Introducción a Mr. Romeo (General OBrien)
El bloqueo e invasión de 1845 contó con un apoyo inédito de los socios comerciales domésticos, tanto extranjeros radicados como criollos. Más de siglo y medio después, el bloqueo del imperialismo financiero y especulador sobre nuestra exitosa reestructuración de deuda soberana (invadidos militarmente estamos desde 1833) concita igual apoyo. El General Lavalle y fuerzas unitarias contra Rosas -igual para las emplazadas en Montevideo- era financiadas regularmente por los franceses. Sin embargo y según relata Cady, el principal promotor de los intereses foráneos en el Plata y sus ansias militares intervencionistas fue un tal General OBrien, súbdito inglés aunque viejo camarada de armas del General San Martín. OBrien abandonó Montevideo en 1844 para representar directamente en Londres las ambiciones comerciales británicas de aquella ciudad. A propósito, Cady nos cuenta que "antes de fin de año [1844] los intereses comerciales [anglo-franceses] encontraron en el General OBrien un infatigable promotor, quien organizó su lobby llevándolo a proporciones irresistibles...". En efecto, se le debe a este operador inglés la decisión británica de aliarse a los franceses en su maquinación en el Plata, sobre todo luego de "haber conseguido diez peticiones" favorables a la invasión "de los distritos manufactureros de Yorkshire, Liverpool, Manchester, Leeds, Halifax y Bradford, firmados a su vez por unos 1500 banqueros, comerciantes y manufactureros de cada lugar" (Pág. 123).

Mr. Romero
Reemplácese los grupos de banqueros, comerciantes y manufactureros de 1844 que peticionaban por una invasión militar al Plata y el derrocamiento de Rosas por los integrantes de la American Task Force Argentina y sus sueños de ver terminado el gobierno de Cristina Fernández de Kirchner. Reemplácese asimismo, los operadores de intereses foráneos británicos y franceses en el Plata, por los actuales grupos de presión compuestos por argentinos y lobbistas foráneos. En este sentido, vale la pena traer a colación el artículo de Romero citado al comienzo. Dice este señor: "Con los fondos buitre volvieron los viejos y remanidos discursos acerca de nuestras victorias, reales o morales, sobre los enemigos de la patria. Lo mismo que con la Vuelta de Obligado o la Guerra de Malvinas: perdemos, pero nos dicen que ganamos". Luego agrega: "El Día de la Soberanía Nacional conmemora la victoria de 1845 sobre los ingleses en Obligado. En rigor, no luchó allí la Nación, que estaba en pañales, sino la provincia de Buenos Aires, defendiendo un interés propio. Y no fue una victoria, pues ganaron los ingleses. Con esfuerzo, si se quiere, pero ganaron; sus barcos pudieron llegar hasta Corrientes y también siguieron bloqueando el puerto de Buenos Aires. El discurso engañador y triunfalista de la epopeya de Obligado reapareció en la Guerra de Malvinas y luego en el actual combate contra los holdouts o buitres". No hay que ser revisionista para catalogar dichas palabras como sinceramente aberrantes. ¡Es que Romero siquiera se tomó el trabajo de leer a los historiadores británicos -mucho menos canadienses y estadounidenses- especializados en la intervención británica en el Río de la Plata! Como sea, a Romero lo refutaron impiadosamente sus propios lectores, incluso muchos de ellos manifestándose horrorizados de lo que leían sus ojos. Ahora, que lo refuten los comunicados del Foreign Office.

Los Estados tapones que no fueron
Cuenta el historiador Cady que, para octubre de 1845, la hostilidad de los intereses anglo-franceses hacia Rosas era insostenible además de sumamente belicosa. "Estaban convencidos que no habría esperanzas de volver a la paz y a la prosperidad en la región hasta que el Dictador fuera derrocado" (Pág. 155). Sin embargo, aquello que más preocupaba a los intervencionistas era la inacción de sus promotores locales. Una declaración de guerra, "como mínimo, era la medida necesaria para superar el escepticismo paralizante de los enemigos del Dictador en relación a la asistencia europea, la primera después de los intentos fallidos [de derrocamiento del Dictador, claro] de 1840 y 1843..." (Pág. 155). Y fue justamente en octubre de 1845, un mes antes del combate de Obligado, que se definió la invasión naval. El propósito era, cuenta Cady, "abrir un canal fluvial de comunicación al Paraguay e interior del Plata por el río Paraná, de tal manera de proveer un acceso seguro a los productos y mercados del interior". Las noticias de levantamientos locales contra Rosan estimulaban a los funcionarios del Foreign Office, quienes comunicaban a Londres "la urgencia de declarar Estados independientes al Paraguay, Entre Ríos y Corrientes, lo cual aseguraría la navegación del Paraná y del Paraguay. La dificultad de insistir en la libre navegación, podría así soslayarse". La invasión naval a las Provincias Unidas del Río de la Plata, compuesta por "unos 15 a 20 buques arribaron a... la plaza fortificada de Obligado... Se entabló un duro combate... Fue recién después de un prolongado cañoneo de más de siete horas de duración, intercalada con explosiones que impactaron en las fuerzas europeas, que las cadenas pudieron ser cortadas y silenciada la artillería emplazada en las márgenes del río. La batalla costó a las fuerzas invasoras algunas bajas humanas y considerables daños a sus naves. Luego de un tiempo, la expedición continuó su camino, sirviendo ahora de escolta a una vasta flota compuesta por más de 100 comerciantes de diversas banderas, flota acumulada en Montevideo desde hacía algún tiempo" (Págs. 156 y 157). Y acá la gran lección histórica, dirigida más que a los Romero, Carrió, Macri, etc., a los propios buitres: "La actitud que los invasores encontraron en las provincias interiores les resultó muy decepcionante. El Gobernador Madariaga de Corrientes pareció muy amistoso; pero la población fue muy desconfiada de los extranjeros.... La expedición rivereña no contribuyó en nada a los objetivos esperados de la intervención. El esfuerzo fue, desde el punto de vista comercial, igualmente frustrante. Pero la peor de las consecuencias fue haber creado en el pueblo argentino un sentimiento patriótico en extremo nacional y sin precedentes. Todos... se unieron en oposición a los extranjeros que intentaban desmembrar su país... La flota recién pudo regresar en abril de 1846. Para junio del mismo año, ambos gobiernos europeos estaban resueltos a dar por terminado iniciativas intervencionistas del estilo" (Pág. 159).

Obligado y el ser nacional
Con la intervención, las potencias invasoras soñaban, más que con la libre navegación de los ríos, con la creación de las condiciones económicas y comerciales que justificaran nuevos Estados tapones en el Plata. Por suerte para los argentinos que aman a su tierra, su pueblo, su pertenencia latinoamericana y su derecho a vivir dignamente y libre de ataduras foráneas, hubo quienes, al decir del General San Martín, con la gesta de Obligado enseñaron a los invasores europeos que "los argentinos no son empanadas que se comen sin más trabajo que abrir la boca". No se equivocaba el mayúsculo libertador. La derrota invasora fue, mal que le pese a Romero, aplastante. Al respecto, agrega el compatriota historiador de Griesa que "los intereses financieros y comerciales que tanto habían apostado a la intervención se encontraron más avergonzados que nunca... Un reporte del Parlamento agregaba que las grandes esperanzas generadas en Inglaterra antes de la expedición al Plata, de inmensas ganancias que derivarían del comercio por esa ruta fluvial, han terminado en su inmensa mayoría en desgracia; de hecho muy pocos de los especuladores han escapado indemnes sin pérdidas considerables". ¿Derrota, Mr. Romero? Prosigue Cady: "El Foreign Office fue inundado de peticiones desde diciembre [de 1845] pidiendo discontinuar la intervención. Se le dio amplia circulación a un panfleto que declaraba que las operaciones no hicieron sino prolongar la guerra, y que los intereses de los comerciantes en la Argentina habían sido flagrantemente sacrificados en beneficio de unos pocos especuladores... " (Pág. 196). La derrota y la vergüenza fueron tal en Francia y Gran Bretaña que "el bloqueo fue levantado, Martín García evacuada, devueltos los buques capturados y totalmente reconocidos los derechos soberanos de la Argentina, incluyendo su control exclusivo del río Paraná" (Pág. 202). ¿Derrota, Mr. Romero? ¿Unos "pocos especuladores" le dice algo?

¡No somos empanadas!
Sería recién a partir de 1853, luego de Caseros y con el ascenso del mitrismo que la libre navegación de los ríos, la implantación del libre comercio y la eliminación de las barreras proteccionistas y "humanas" abriría las puertas de par en par a las manufacturas de Europa. Aquí la derrota, señor Romero, como derrota acceder a los bloqueadores contemporáneos que usted defiende. Cady coincide: "no fue sino hasta julio de 1853, después de que el líder argentino [Urquiza]... firmara tratados de libre navegación de los ríos Paraná y Uruguay... y con ellos la adquisición del privilegio de acceso directo a los puertos de la Argentina y mercados del interior, que una de las causas primigenias de la intervención anglo-francesa sería eliminada para siempre" (Pág. 268). El neoliberalismo criollo hace yunta con el terrorismo financiero y especulador internacional. Su divorcio del pueblo es cada vez mayor, por cierto, cada vez más proclive a apoyar al gobierno nacional contra los buitres, tal y como se desprende de las últimas encuestas. Los Héroes de Obligado, como los Héroes de Malvinas fueron apoyados por las masas argentinas y latinoamericanas. Resulta lógico que el dispositivo cultural del mitrismo contemporáneo ataque, como en 1845, al sentimiento y accionar que por excelencia justifican la razón de ser de una Argentina en calidad de Nación (y a la Argentina en la Patria Grande como Nación inconclusa que busca su definitiva independencia en la unidad suramericana). Por suerte en Obligado, hubo compatriotas que, antes que dejarse comer como empanadas, dieron su vida por la soberanía nacional, el interés popular y la no balcanización de las Provincias Unidas. En buena medida se les debe a ellos que Corrientes y Entre Ríos sean hoy provincias en lugar de Estados. Por suerte en la Argentina del Bicentenario, hay compatriotas que, antes que dejarse comer como empanadas, se negaron a pagar por la Fragata Eva Perón, así como hoy se niegan a dejarse estafar como pueblo por el imperialismo financiero y especulador occidental. Tiene razón Ferrer cuando en la entrevista referida al inicio señaló: "esta situación puede durar mucho o poco, pero ya no se pueden llevar por delante al país". No se lo llevaron en 1845, ni en 1982. Queda no obstante y como siempre, el sabor amargo de ver, coincidiendo con el General San Martín y en relación a los traidores de Obligado, "americanos que por un indigno espíritu de partido se unan al extranjero para humillar a su patria y reducirla a una condición peor que la que sufríamos en tiempos de la dominación española. Una tal felonía ni el sepulcro la puede hacer desaparecer". Ni el sepulcro, es cierto; sólo el triunfo definitivo del pueblo argentino.



Bibliografia
- John F. Cady "Intervención extranjera en el Río de la Plata. 1838-1950"