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| Artículos de opinión

El caso Griesa recuerda uno de los peores fallos de la historia jurídica de EE UU.

Autor | Octavio Ciaravino


Conflictos de Interes
El autor no manifiesta conflictos de interés


Palabras Claves
buitres, Griesa, deuda externa, esclavitud, guerra de secesión, guerra civil, Dred Scott, EE.UU., Corte Suprema



27-08-2014 | A propósito de los últimos argumentos presentados por el del Juez Griesa sobre la compraventa de una casa y cosas por el estilo, vale presentar este caso de la historia de EE.UU. como ejemplo de lo reaccionario y peligroso que son algunos fallos judiciales cuando pretenden detener la historia y el curso de los acontecimientos mundiales.


El fallo Dred Scott vs. Sandfor, es uno de esos grandes casos de la historia jurídica de EE.UU. recordados por el espanto que generan sus fundamentos. Scott era un esclavo negro del sur de EE.UU. En 1846 presentó una demanda judicial en un juzgado local pidiendo su libertad. El eje argumental era que él había vivido varios años en Illinois, uno de los Estados no esclavistas y que en virtud del Compromiso de Missouri de 1820 y del principio "una vez libre, siempre libre" ya no debía ser tratado como esclavo. El caso fue aprobado en primera instancia por un juez de Missouri, luego, la señora Sandfor (viuda heredera del amo de Scott) apeló en la Corte del Estado que revocó la libertad de Scott; a su vez éste llevó el caso a la Corte Suprema y en 1857 la Corte confirmó la revocatoria, es decir condenó a Scott a la esclavitud y tiró abajo todos los acuerdos y declaraciones de abolición de la esclavitud que había en EE.UU..

Es decir, declaró inconstitucional la abolición de la esclavitud en EE.UU. que para ese momento ya estaba muy avanzada y precipitó la guerra civil que estallaría cuatro años después. Los juristas norteamericanos recuerdan este caso como "el mayor error de la historia de la corte imponiendo una solución jurídica a un problema político" (Dred Scott decision. (2014). En Encyclopædia Britannica. http://www.britannica.com/EBchecked/topic/171273/Dred-Scott-decision).

El caso se tornó muy famoso en aquellos años previos a la guerra tanto que el candidato a Presidente Abraham Lincoln se refirió al fallo en uno de sus discursos memorables conocido como "la Casa dividida", algo así como "los hermanos sean unidos…" de nuestro Martín Fierro. En el discurso Lincoln trató de explicarles a los jueces y a los ciudadanos que un fallo de ese tipo, en medio de un proceso político tan importante como la abolición de la esclavitud, era peligroso y que era mejor que el poder judicial no interfiriera en un problema político que estaba siendo tratado en el Congreso y entre Estados.

Taney, el presidente de la Corte era un fervoroso esclavista. Fundamentó el fallo con los elementos más confusos de la declaración de independencia y sostuvo que: si bien los afroamericanos pueden ser ciudadanos de algún Estado no pueden ser, ni serán jamás, ciudadanos del Estado Federal y por tanto no pueden peticionar en la Corte Suprema. Si bien esta era una lectura literal de la declaración, pasaba bochornosamente por alto el encadenamiento lógico de los argumentos constitucionales que suponía a los Estados Unidos como la unión de Estados preexistentes y por tanto a sus ciudadanos; luego, si la mitad de los Estados reconocían como ciudadanos a los negros liberados de la esclavitud, ergo los negros libertos de Estados no esclavistas eran ciudadanos. Para el juez Taney las cosas no eran así y no le importaba mucho si el país estaba en plena transformación política; tampoco le importaban los pactos y las convenciones alcanzados entre Estados soberanos en torno a cómo iba a darse la abolición de la esclavitud. El juez Taney sólo veía frente a sí un título de propiedad de un esclavo y a una señora sureña reclamando "su propiedad". El problema de la propiedad se transformó en el problema de la ciudadanía de los negros y por tanto su capacidad para peticionar ante esa corte. Algunos de los fundamentos del fallo, que tardaron dos días en ser leídos, son caso de estudio en el mundo por inhumanos y profundamente erróneos. Así se justificó Taney: "La cuestión es muy sencilla, ¿puede un negro, cuyos antepasados llegaron a este país para ser vendidos como esclavos, convertirse en un miembro de pleno derecho de la comunidad política creada por nuestra Constitución y, por consiguiente, gozar de todos los derechos, libertades e inmunidades que ésta garantiza? Uno de estos derechos es el de litigar ante un tribunal… Las expresiones "el pueblo de los Estados Unidos" y "los ciudadanos" son sinónimas. Ambas se refieren al cuerpo político que, de acuerdo con nuestras instituciones republicanas, es titular de la soberanía, detenta el poder y gobierna a través de sus representantes. Es lo que coloquialmente llamamos "el pueblo soberano", y cada ciudadano es parte de él, e individualmente titular de la soberanía. La cuestión es si la persona ahora recurrente forma parte de ese pueblo y si es cotitular de la soberanía. Creemos que no. Este tipo de personas no están incluidas, y no estaba previsto que lo estuvieran, en el concepto constitucional de "ciudadanos" y, por consiguiente, no pueden válidamente reclamar ninguno de los derechos, libertades e inmunidades que la Constitución garantiza a los ciudadanos de los Estados Unidos" (Carbonell, M. (2007) La peor sentencia: a 150 años de Dred Scott versus Sanford. Revista Derecho del Estado n.º 20, diciembre 2007)

Recordemos que para la época "La cabaña del Tío Tom" ya era bestseller y el tema de la abolición de la esclavitud ya llevaba más de 30 años en la agenda política. El "Compromiso de Missouri" de 1820 fijaba una línea a partir de la cual los Estados del Norte no eran más esclavistas. En tal contexto y con ese fallo, la Corte Suprema de EE.UU. tomó una posición doctrinaria muy clara en lo que luego sería la guerra civil, favorable al bando de los esclavistas del sur que luego fueron vencidos por las armas pero sobre todo por la historia y por uno de los pocos consensos universales que hoy tenemos: "los hombres y las mujeres nacemos y permanecemos libres e iguales".

La Corte se equivocó mucho y el país entró en guerra civil. Mientras tanto, el juez Taney mantuvo su lectura oscurantista y retardataria de la Declaración de la Independencia hasta el final de su vida; vio cómo su país se desangraba en una guerra por un problema político que el mundo ya había resuelto pero su obstinación y terquedad llevó a la violencia pura. Finalizada la guerra se sancionaron las famosas enmiendas constitucionales 13 y 14 impulsadas por el presidente Lincoln sobre la abolición de la esclavitud y sobre el reconocimiento de los ex esclavos como ciudadanos de pleno derecho. Lo que ya era obvio para todo el mundo como el rechazo a la esclavitud no estaba claro para el juez Taney.

La esclavitud y la usura son relaciones sociales condenadas y rechazadas por los sistemas democráticos desde hace por lo menos 200 años.

Después de la simplificación del juez Griesa en forma de analogía entre la compraventa de una casa y la deuda externa de un país soberano, para muchos resulta paralizante pensar cómo refutar algo tan burdo. Como sea, Griesa parece encarnar el espíritu del juez Taney con toda su terquedad y oscurantismo. El mundo entero le dice que la usura es una práctica prohibida y rechazada por el orden democrático, tal como le trataron de explicar a Taney que un título de propiedad de una cosa no es lo mismo que la propiedad de una persona. Por suerte el juez Griesa no es el presidente de la Corte suprema de EE.UU.; eso quiere decir que hay margen para una acción clara desde el Superior Tribunal para corregir lo que sería otro error de interpretación de los textos y de la historia, esta vez ubicándose doctrinariamente en el bando del 1%. Una cosa es segura, la historia no se detiene; el mundo marcha en una dirección y tarde o temprano hasta los más tercos lo van a entender.